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El Convento de las Ursulinas

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Office de Tourisme du Grand Saint-Emilionnais
Place du Clocher - 33330 Saint-Emilion

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Desde sus orígenes, la ciudad de Saint-Emilion ha tenido una presencia religiosa significativa, acogiendo a los Benedictinos, los Agustinos, Franciscanos y Dominicos. Las hermanas de la Orden de Saint-Ursule (Santa Úrsula) se establecieron a Saint-Emilion el 1 de junio de 1620.

 

Fundada por la señora Lacroix, el convento y las 18 monjas tenían como objectivo principal ofrecer educación gratuita a las niñas de las clases pobres de la ciudad y de su Jurisdicción. Las hermanas lograron conseguir a 80 colegialas inscritas, un número que se redujo a 8 tras la gran epidemia de peste que se produjo 3 años después de su llegada.

 

Cuando estalló la Revolución, se nacionalizó la propiedad del clero y se hizo un inventario: una iglesia, dos sacristías, un edificio principal sobre el que se construyó el claustro y varios otros edificios, y el internado compuesto por apartamentos, bodegas de madera y paja, así como cobertizos para cerdos, un pozo, un jardín y un patio. Unos años más tarde, en 1792, la orden fue prohibida y los bienes fueron vendidos para otros fines: prisión revolucionaria, gendarmería y, finalmente, propiedad vitícola. Este vino aprovecha el recinto del antiguo convento, pero los edificios van cayendo en ruinas.

 

 
Sin embargo, hoy en día, el recuerdo de estas monjas sigue presente en el pueblo, tanto en los restos de su antiguo convento como en nuestras papilas gustativas, donde el dulce aroma de las almendras tostadas hace cosquillas a los transeúntes.....

 

Cuenta la leyenda que una de las hermanas, una tal mademoiselle Boutin, que vivía en la pobreza desde la Revolución, propuso revelar la receta secreta a cambio de un refugio y una comida... una receta que muy pronto se convirtió en la especialidad del pueblo de Saint-Emilion, un delicioso pastel redondo y suave conocido como macarrón. Muy pronto, los macarrones de mademoiselle Boutin adquirieron una reputación que iba más allá de las murallas de la ciudad. Se sirvieron como acompañamiento a la degustación de los mejores vinos de la Exposición Universal de 1867. Al mismo tiempo, las dos especialidades de la ciudad han adquirido una gran reputación. A partir de entonces, cada vez habrá más tiendas en las calles de la ciudad...

 

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